Vida,
Te escribo esta carta para expresarte mejor lo que siento sobre tus palabras de hace un par de días. En el momento no hablé y desde entonces llevo dándole vueltas aunque no me haya pronunciado al respecto.
¡Ay, el amor! Es algo tan puro y poderoso y, sin embargo, tan fácil de enfermar, ¿cuántos “virus” le afectan? Celos, posesión, apego, dependencia, heridas pasadas que vuelven a colarse en el sótano… Devolverlo a su estado original y preservar su belleza requiere de unos ingredientes sencillos pero al parecer costosos de mantener: aceptar al otro tal y como es, poner atención en los detalles, estar en el presente, ser consciente a cada paso de uno mismo y sobre todo del otro, porque no debemos olvidar que uno y uno han de sumar siempre tres ( tú, yo y lo nuestro), y si suman uno (yo) mal vamos porque ahí volvemos a enfermarlo, en este caso de egoísmo. No obstante, qué poco nos esforzamos en hacer crecer algo que forma parte de nuestra naturaleza, cuantas veces decimos que el amor es efímero, doloroso o aún más, un desperdicio, en lugar de reconocer que el problema está en nosotros que somos volubles y débiles en nuestras principios y valores. El enemigo nunca es el amor, somos nosotros mismos, que no sabemos recibir y mucho menos dar.










