Michael Turner
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miércoles, 26 de mayo de 2010

Bic, el bolígrafo


Me llamo Bic. Soy un bolígrafo de tinta azul. A lo largo de mi existencia me he cruzado con cientos de mi especie, somos todos iguales. Afortunadamente, aquel que me compró colocó una graciosa pegatina verde que marca mi diferencia con respecto a los otros. Vivo en un estuche rojo con cuadros, lo que me hace pensar que soy escocés, aunque la verdad es que de eso no entiendo nada. Como tampoco entiendo lo que mis dueños hacen, dicen o piensan.
El caso es que, desde el primer día “el amo” quedó encantado con mi trabajo. Existen bolígrafos que son unos auténticos vagos, les cuesta sacar la tinta, sin embargo, yo he promovido la fluidez de ideas. Pronto y gracias a esta virtud tuve el privilegio de tener el estuche especialmente para mí, pues antes me veía obligado a compartirlo con seres a mi juicio, bastante insoportables:
“Lápiz”- El cual sentía que había caído en el abismo del ridículo.
“Goma”- Una dama muy recta, cuando algo le disgustaba lo hacía desaparecer. No obstante yo jamás fui un blandengue como”Lápiz”, no consiguió borrar uno solo de mis escritos, creo que por ello no podía ni verme.
“Sacapuntas”- Un instrumento muy molesto (si se me permite decirlo), ya que como bien dice su nombre sacaba punta a cualquier cuestión, para mí su presencia era “non grata”, sin embargo, “Lápiz” se llevaba divinamente con él, a veces incluso mantenían extrañas relaciones.

lunes, 1 de marzo de 2010

Adoración deforme

(dibujo de Goya)

Sobre la mesa descansa mi asfixia emocional. Sobre los folios, charcos impregnados del aroma que desprende la muerte, tu muerte.
Dolor, océanos que vienen y van con la desdicha acontecida. El instante en que perdí el brillo de tus ojos mi corazón se partió como el cristal. Esparcidos los pedazos ansío el regreso de tu movimiento.
No volveré a deleitarme con el sabor de tu sonrisa, no recorreré de nuevo tu médula… No olvidaré otra vez nuestro aniversario. No importa el tiempo que pase, en mí siempre estarás tú alimentándote de las entrañas de este hombre enamorado.

Ojalá todo fuera distinto.
Ojalá no te hubiese sorprendido entre sedas y lirios gritando un nombre que era ajeno al mío. Ojalá no tuviese este genio que tanto me has criticado, esa agresividad que tantas veces nos ha llevado a las lágrimas y aquella frialdad que me ayudaba y convertía en alumno aventajado de Maquiavelo.

Así, tu cuerpo no yacería marchito sobre nuestro caro mármol. Así, tu sangre no empaparía la camisa y los pantalones que elegí llevar para el funesto momento. Y así, ni tu piel ni mi alma habrían sido desgarradas.

martes, 9 de febrero de 2010

La duda de Ernesto



Hace tiempo vi pasar a un ser que atrajo mi atención de tal modo que el cielo y las estrellas me parecían insignificantes a su lado.
No era alto, ni bajo. No era gordo, ni delgado. Se mostraba rubio en un momento y moreno en otro. Alegre en el día y triste en la noche… O quizá fuese al contrario...
Concebí un traje azul, luego trocó a rojo y finalmente cambió hasta ser negro, supuse un error de mi cansada vista....
¿Y su forma de andar?, ¡sublime! Nadie sentía su presencia mas todos se emborrachaban de su elegancia. Solitario caminaba, mientras con agudeza parecía grabar en su mente una melodía que sólo él sabía tararear. Al verle pasar una y otra vez, mi atracción hacia aquel creció.
Una tarde conseguí entablar conversación.
Su voz, que al principio me era indiferente, fue adquiriendo un toque de sequedad; su vestimenta oscureció… Repentinamente en su carne observé penetrar enormes piojos. Comenzó a desprender un espantoso hedor.
A pesar de tan escalofriante visión me armé de valor y me atreví a balbucir mi pregunta:

martes, 2 de febrero de 2010

Corazón Berlinés


Llevaba tres meses escribiendo en Berlín. Mi novela sólo podía ser escrita ahí. Ahí es donde sucedió. Su nombre “Amarillo y Azul marino”, representaba el principio y el fin. Amarillo, la vida despierta con la aparición del sol. Azul marino, la vida descansa cuando el cielo oscurece. Todo empieza en el amarillo y termina en el azul marino. Así lo veo. Lamentablemente mi libro versaba más sobre el segundo color, es lo que tiene escribir sobre ese amor/desamor que te marca el resto de la existencia. Había pasado medio año desde que decidiera coser mi maltrecho corazón, y reconozco que la costura no es una de mis virtudes. Abrir de nuevo el órgano y convertir las heridas en palabras era un trabajo que se me hacía complicado, en ocasiones imposible. El haberme instalado en la ciudad alemana no me ayudaba en absoluto, pues aunque podía escribir sobre el ambiente y describir perfectamente cada edificio del que tenía un recuerdo; en los habitantes berlineses así como en sus gestos e idioma descubría la sombra de Aquel que desechó mi compañía. El me dejó, me dejó porque, palabras textuales, me amaba demasiado. Sin embargo, encontró una nueva novia al cabo de dos semanas escasas. Un mes más tarde rompió todo contacto conmigo porque, según El, le hacía daño saber de mí. Su voz se apagó pero en mí siguió vigente su imagen, una imagen muda pero con una hermosa sonrisa. No sé por qué lo recordaba sonriendo, quizás porque cuando estábamos juntos siempre reía; quizás era yo la que reía henchida de felicidad y mi inconsciente decidió que con semejante emoción era improbable que la Persona de al lado mostrase otro tipo de emoción. Soy una chica tonta, siempre busco satisfacer mis deseos y mis sueños sin tener en cuenta la importancia de la dignidad, esta es la razón principal por la que no lo odiaba, lo extrañaba. Lo veía en otras personas, lo veía, no os riáis de mí, en los graffitis de la calle, en las bicicletas y en las ensaladas de jamón y pepino… Por eso, solía escribir en una cafetería francesa que hay en Kurfürstenstrasse, aunque yo viviese por Hermannplatz. Necesitaba desconectar, alejarme de El, pero aún no sabía estar sin El. De hecho, muchas veces me bajaba del metro un par de paradas más lejos, en su barrio.

lunes, 1 de febrero de 2010

El Quinto Espejo

Bajo el acero cuchillas rasgan un cuerpo aterido por un frío que perfora los huesos. Ensangrentado el cabello por lágrimas celestiales y heridos los pies por el contacto con el granito; busca desesperada un lugar donde cobijarse.
Dentro de su turbación surge un momento lúcido que la descubre en una calle vacía, lúgubre, con apenas unos farolillos alumbrando la piedra. Al fondo, un toldo. Debajo, una claridad inusual. Corre veloz hasta revelar el secreto: Cinco espejos iluminados tras un cristal. En cada uno de ellos, una parte de sí misma:
En el primero, la chica alegre, audaz y ávida por conocer todo lo que la rodea.
En el segundo, la chica triste, cansada, conmovida por las heridas de su propio corazón.
En el tercero, “la niña inocente” arropada por las telas de su progenie.
En el cuarto, “la mujer” despojada de sus sueños e ilusiones.
Y en el quinto, en el quinto “el monstruo”.

Relatos de Sangre y Vainilla.



Aprovecho la ocasión para presentar mi primer libro: "Relatos de Sangre y Vainilla". A lo largo del blog incluiré alguno de los relatos más cortos de este volumen. En ellos unos personajes conseguirán probar el dulce sabor, la Vainilla; mientras que otros sólo encontrarán el sabor metálico, salado, la Sangre.