miércoles, 5 de diciembre de 2012

EL DESEO DE KISHIMOTO



 Un oscuro infinito salpicado de intensas luces condensadas en puntos precisos, diminutos e innumerables, entre ellos, una con una belleza inmensa, una, cuyo calor y luz permitieron la existencia de la vida terrestre siglos atrás.  Bajo su hegemonía el viento suave baila entre rojos y verdes intentando escapar de la materia, en ese esfuerzo algunas hojas son arrancadas de su madre para caer en una superficie transparente y fría habitada por seres de colores. Uno de los rayos enfoca a nuestro protagonista, Kishimoto.
Kishimoto quiere sentirse como ese viento que solo desea ser libre, como esos árboles robustos y frondosos cuyas ramas ondulan el cielo, como esas hojas que caen delicadamente sobre el agua; como el agua, tranquila pero impredecible.
Pero Kishimoto no puede caminar desde los doce años, cuando un accidente de coche inutilizó sus piernas.

Kishimoto desea tener las manos libres y no sujetas a un ser de metal, llevar un ramo de flores, una chaqueta o  simplemente mover los brazos de un lado a otro al caminar. Desea  recorrer grandes distancias con sus piernas, especialmente la distancia que hay entre la casa de la chica que ama y la suya. Desea Comprar en el camino un par de entradas al cine con su torso a la altura de los demás, sin que el taquillero tenga que inclinar la cabeza para averiguar quién le habla. Desea llamar al timbre de Suzuko, la chica que ama, y que ésta, al verle, le abrace con emoción y ternura, que el frágil cuerpo de ella quede apresado en un cuerpo más alto, más fuerte, el de él.
Pero Kishimoto es paralítico.
Kishimoto desea andar por Shinjuku tomando “ramen”, montar en bicicleta, viajar sin que nadie tenga que poner la dichosa trampilla necesaria para subir la silla. Desea alcanzar las naranjas de los arboles que descubrió en su último viaje a España, desea trepar como un mono, andar por las ramas como  una ardilla, nadar como un delfín, correr como una gacela, bajar o subir escaleras como un canguro.
Pero Kishimoto, ya sabes, no puede andar. La silla ha sido su infatigable compañera desde hace 15 años. Aun así desde el primer día en que despertó en la cama del hospital hasta el día de hoy  ha hecho lo posible y lo imposible por levantarse de ella. Los médicos reconocen su indudable valor. 
Kishimoto desea llevar a su familia en coche a algún bello paraje. Desea agradecer a su madre todo lo que ha hecho por él, cogerla en brazos y decirle cuánto la quiere. Desea tomar a “onee-chan” de la mano y jugar con ella a elevar una cometa y hacerla volar. Desea jugar al futbol o al baloncesto con sus amigos, está un poco aburrido del “go”, quiere acción.
Kishimoto, cada mañana dedica varias horas a la meditación. Dice que le ayuda a sentirse en calma consigo mismo, el resto del tiempo lo emplea en tener una vida plena independientemente de su discapacidad. Pero cada segundo desea, y desea con intensidad.
Kishimoto es un soñador, sus anhelos le dan la energía para vivir con una sonrisa, con alegría en el corazón. Estos desean ganar un Oscar,  esos encontrar el amor, aquellos hacerse ricos. Cada persona, un sueño. Cada sueño una manera de encontrar sentido a la existencia, de enfrentarse a un destino desconocido. El mero hecho de convertir a ese desconocido en un amigo, y no un enemigo, en el sendero que elegimos supone toda una proeza.
Kishimoto desea andar más que nada en este mundo. Y hoy bajo un rayo de nuestra estrella, ha dejado su silla atrás y sus pies han comenzado a caminar. Con esfuerzo pero con pasión. Cada paso ha removido la arena pisada, como si de la luna se tratase “un pequeño paso para el hombre, un gran paso para la humanidad”, en el caso que nos concierne el gran paso ha sido para los soñadores, esos que no pierden nunca la esperanza de alcanzar sus deseos, esos que  siguen creyendo en las rosas azules y en el alma de las mariposas.
Kishimoto se ha elevado como una cometa, ha volado como el viento libre, ha bailado con el cielo y la tierra, ha caído como una hoja y se ha  levantado con la fuerza de las olas al romper contra las rocas. Ha surcado mares y océanos, ha alcanzado la luna con las uñas. Se ha enfrentado en una lucha contra el destino con una “Sakabatou”*, como su héroe Kenshin*, y ha salido airoso, una victoria sin heridas en ningún bando, un pacto de honor.
Hoy Kishimoto ha hecho todo esto sin moverse. Ha experimentado su primer “Satori”*. Como si su “Koan”* en lugar del clásico: “dime alumno, ¿cómo suena una palmada dada con una sola mano?”, plantease: “¿Cómo se puede caminar con  piernas sin tenerlas?”
Ahora sabe como andar sin sus extremidades.
A partir de hoy correrá, volará. Hará cuanto desee porque el alma de Kishimoto ha encontrado la respuesta, la forma de hacer realidad lo imposible.
Beber agua sin sal del mar. Escalar el Himalaya sin esfuerzo. Respirar sin oxigeno. Ser agua, tierra, fuego…


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Sakabatou: espada con el reverso afilado, es decir, su filo esta invertido.  
Kenshin: protagonista del manga Rurouni Kenshin creado por Nobuhiro Watsuki.
Onee-chan:  Hermana pequeña
Koan: especie de problema psicológico (paradójico), que es planteado al alumno que intenta aprender las enseñanzas de Buda, para que este los resuelva. La meditación del Koan lo que provoca es que al no encontrar una respuestaracional, se produzca una regeneración psicológica de aquel que la experimenta.

Satori: Iluminación. Se consigue cuando se resuelve un Koan  

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