viernes, 17 de junio de 2016

LA CIUDAD DE LOS SUEÑOS (Parte 2)


Caminando por el sendero de la Esperanza

Me instalé en un pueblo a las afueras de mi país natal, necesitaba un descanso y tuve la suerte de que una mujer mayor me ofreció trabajo en su bodega/viñedo:”La gente no siempre sentirá pena por ti, y aunque así fuera, ¿dependerás siempre de los demás? ¿Del odio o lástima que sientan hacia ti?”
Y tras aquellas sabias palabras me puso a machacar uvas.
De esta manera viví durante algo más de seis meses. Cuando no tenía que pisar uvas intentaba educar mis manos para que pudiesen coger un lápiz. Me fue imposible. Por más que forzaba la curvatura de mis falanges no conseguía el progreso deseado.
¿Por qué no podía pintar? Ponía todas mis fuerzas en ello, ¿por qué no?
La rabia se hizo mi dueño. Había considerado locos a los demás por decir que los sueños eran imposibles, debía rectificar, el loco era yo, cuándo me atreví a creer que un ser deforme como yo poseería un don tan increíble incluso cuando carecía de los instrumentos para llevarlo a cabo.
En ese estado que precedía la depresión pero que mostraba abiertamente la apatía hacia el mundo fue cuando mi jefa habló conmigo durante una de las cenas:
-               Hace un par de días que no te veo dibujar ¿Te encuentras bien?
-               Perfectamente.
-               ¿Entonces?- Preguntó la mujer mientras me acercaba un trozo de pan a la boca
-               No puedo pintar.
-               ¿No puedes o no lo has intentado?
-               No juegue con el vocabulario, no puedo y punto.
-               Je, je- Sonrió débilmente- No juego con nada, no tengo edad para ello. Cuando mi marido murió pensé “jamás podre continuar yo sola”, me faltaba fuerza, valor, coraje… llámalo como desees. Afortunadamente, la vida me empujó a ello, mi situación no me permitía tener miedos, si no trabajaba duramente me quitarían las tierras, no tendría dinero y, por extensión, no podría comer. Ahora resulta lógico pensar que el camino era levantarme y enfrentarme cada mañana con esas tierras de las que nada sabía, derramar sudor sobre la tierra de la que nacería la vid. Pero entonces un manto cubría cualquier posible camino, sólo pensaba en mi marido, en la separación, en lo que le necesitaba... pero mira, hoy puedo permitirme pagar la maquinaria y el trabajo de mis empleados, tengo mi propia marca de vino…- Cesó un instante su monólogo para sorber una cucharada de la sopa de ajo que tenía en el plato, prosiguió- Tras lo múltiple se esconde lo q es uno- Me lanzó una mirada cargada de intención- Tras el bosque, el árbol, tras la sociedad el individuo, tras la locura de todos, la locura de uno.
-               ¿Cómo dice?
-               Tu problema es que has creído lo que los demás querían que creyeses. Te hicieron pensar que eres un ser limitado. Todos ellos estaban locos y al ver la dificultad te has contagiado de su locura.
-               Tiene lógica- Medité en voz alta - En cierto modo tiene lógica.
-               ¿Un poco de vino?
-               Sí, por favor- La mujer sirvió un poco de vino tinto en una copa y se lo ofreció a mis labios Es usted muy buena conmigo- Agradecí.
-               Oh, bueno, eres buen trabajador, aunque algo gruñón eres buena persona y, supongo que echo de menos encargarme de alguien- La anciana suspiró- No obstante, no veo adecuado que te quedes en un lugar como este, tan cerca de tu país no alcanzarás tus sueños- La mujer se levantó, abrió las cortinas y con un dedo señaló un camino- Ese es el sendero de la esperanza, él te guiará a un lugar más acorde para ti: La ciudad de los sueños
-               La ciudad de los sueños- Repetí lentamente- No sabía que existiese un sitio así, debe ser bonito…
-               Lo es, no lo dudes, por supuesto es cien, mil veces más pequeño que el lugar del que procedes, pero es normal, las personas tienden a optar por la seguridad y dejan de lado los sueños y deseos….Hay pocas personas que decidan llevarlos a cabo, de ahí que el espacio sea mucho menor, pero te aseguro que vale la pena conocerlo.
-               Usted…-dude- ¿Ha estado?
-               No, yo preferí quedarme aquí cerca de la tumba de mi marido. Pero muchos han pasado contándome historias acerca de ella. Y ahora levántate o no podré ponerte el pijama.
-               Sí, sí. Me levante- Mañana me iré… Si a usted no le molesta.
-               Es tu vida, lo que yo piense no ha de importarte, pero si quieres mi opinión, tu decisión es acertada. Decide siempre tu camino, que los demás no se interpongan en él.
De esta manera acabamos nuestra conversación. A la mañana siguiente me fui. Antes de dejar atrás mi pasado aquella mujer colocó dinero en mi mochila (ella me había ayudado a poner un pequeño y sencillo sistema para poder abrir y cerrar ésta sin mucho esfuerzo)
-               Es lo que te debo, y un poco más,  por si acaso.
Quería agradecerle aún sabiendo que las palabras se quedaban cortas pues ella en seis meses me había dado lo que ni mi familia ni mis compañeros habían podido darme durante más de veinte años.
El sendero resultó precioso. Estaba rodeado por un inmenso jardín cubierto de saxífragas a un lado y de asfódelos al otro. Pequeños riachuelos alimentaban orillas salpicadas de margaritas…Cientos de tipos diferentes de flores se mezclaban con la hierba fresca, un indescriptible perfume correteaba en el cálido aire del verano….

La rosa

Medité que soñar es amargo. Quien no desea no tiene nada por lo que luchar, como consecuencia no hay fracaso, no te invade la derrota. En el sendero, sentía la belleza que me rodeaba, la sensación de vida, pero también y debido a mi incapacidad para cumplir mis sueños sentía la desdicha. Llegado a este punto tropecé con una hermosa joven que, sin las presentaciones de rigor, comenzó a hablarme como si me conociera de toda la vida:
-               ¿Qué es lo que te gusta de aquí?
-               ¿Eh? Pues no lo sé- Recorrí con la mirada todo el espacio y al rato la fijé- Aquel rosal.
-               Buena elección…Las rosas son extraordinarias, no sé de nadie que por el dolor que  las espinas puedan causar dejase de coger una. La joven se acerco al rosal y arrancó una de las flores. De uno de sus dedos brotó una gota de sangre. Ella arqueó los labios en una dulce sonrisa: Conseguir algo no es fácil, hay que sufrir para lograrlo, de esta forma la vida adquiere sentido. Dicho de otro modo el dolor no puede arrancarte de tus sueños porque forma parte de ellos. La rosa es como la esperanza, causa un poquito de daño poseerla pero es gratificante. Toma quédatela…
Y sin más la joven desapareció. Tenía la sensación de haber vivido la escena de una obra de teatro “in situ”. Unas bonitas palabras pensé mientras seguía caminando y, en verdad y desde una percepción occidental eran bonitas y alentadoras. Ahora bien, si Buda la escuchase…

Dos caminos (Primera parte)

Estaba ilusionado con el aporte de “la joven de las rosas”, aunque sus palabras por si solas no eran una solución a mis problemas. De pronto me encontré con que el camino se dividía en dos. Uno de ellos se presentaba con un letrero “Ciudad de los sueños” y una flecha. El otro no tenía cartel. Era evidente que debía marchar por el primero, sin embargo algo en mi interior me inclinaba a tomar el otro. Al fin decidí sentarme a orillas de un lago.

El lago

-                       Buenos días, caminante.
-                       Buenos días- miré alrededor buscando al dueño de la voz. No había nadie- ¿Quién habla?
-                       yo.
Miré a ambos lados
-                       Aquí, abajo.
Baje la mirada. Agua.
-                       ¿Dónde?
-                       ¡Aquí!!Holaa…!- Y el agua me salpicó las rodillas.
-                       ¿Tú? ¿El agua? ¿El lago?
-                       Aja
-                       Vaya he visto cosas raras en mi vida, pero esta me supera. Nunca he oído hablar a un lago…
-                       Nunca te has molestado en escucharnos
-                       Si tu lo dices, no me apetece discutir… ¿Quieres algo?
-                       Sí, hablar un rato, me aburro, no suele pasar mucha gente…Con lo bello que soy, ¿verdad?
-                       Bueno, no eres feo-Qué demonios estaba haciendo. ¿Estaba delirando? Había comido y bebido hacía poco, dormía bien, y no hacía tanto sol como para tener una insolación.
-                       Soy bello, lo sé. Pero nadie viene a verme. Me aburro. Los peces no son de mucho conversar, y la gente que pasa por aquí siempre tiene prisa, como mucho se dan un chapuzón y siguen su camino. No me parece agradable hablar con gente que me muestra sus vergüenzas, se revuelca dentro de mí y se marcha sin darme las gracias.
Por un momento dude si mis pies le molestarían.
-                       ¿Qué camino vas a tomar? Estabas leyendo el letrero, ¿verdad?
-                       Sí, creo que he de tomar ese.
-                       ¿Por qué no él que no tiene cartel?
-                       Pues porque no sé donde lleva ese y  porque yo voy a la ciudad de los sueños.
-                       Pero, distintos caminos pueden llevar a un mismo lugar, ¿no?
-                       Posiblemente, pero es más seguro y lógico seguir uno señalizado.
-                       Claro, es la norma.
-                       Exacto, contesté. - Se notaba que no hablaba con nadie, pero yo tampoco así que le deje continuar. Durante las dos horas que sucedieron a nuestro encuentro no dejó de exclamar, dudar y contarme historias de pájaros y peces, de la tierra que cubría y del cielo que lo amamantaba…
-                       Así que cuando aquel pájaro murió me sentí bien, ya no volvería a meter su pico dentro de mi alcanzando a los peces. Puede que hablen poco, pero forman parte de mí, he aprendido a quererlos…Hummmm, por cierto…
-                       -¿Si?-dije algo cansado.
-                       Volviendo al tema inicial. ¿Quién dice que lo señalizado sea lo correcto? Quizás aunque ese sea el camino puede estar cortado.
-                       ¿Lo está?- Pregunté
-                       No lo sé. No me muevo de mi sitio,  es difícil saberlo.
-                       ¿Has visto a alguien volver y coger el otro camino?
-                       No, no suelo prestar atención a los que me ignoran
-                       ¡Qué egocéntrico!
-                       Psst, lo justo.
Mire al cielo estaba anocheciendo.
-                       Lo mejor es que duerma un poco.- Sonreí- No hablas de los caminos, ¿verdad?
Las orillas se llenaron de espuma, el lago reía. - Muy bien no se te escapa una.
-                       Según tu el otro camino es mejor, ¿por qué?
-                       Yo no he dicho eso
-                       ¡Oh, lago!-Exclamé- No me extraña que nunca escuchase a los de tu especie, sois unos parlanchines que no sabéis decir nada sin andaros por las ramas, ¡qué tranquilo he vivido sin vosotros!
-                       -La espuma aumentó- ¿Cómo te llamas?
-                       Salvador
-                       Salvador, eres tú quien ha de hallar una respuesta, pero escucha, no siempre el camino indicado es el idóneo, un letrero no indica un destino. No encontrarás tu sueño por el camino que pretendes ir, aunque muchos han pasado por allí, tú no eres como ellos. ¿Sabes a que me refiero?
Instintivamente mire mis manos- Sí, lo se.
-                       ¿Cuándo tus manos te han ayudado a andar? ¿Cuándo te han dado de comer o proporcionado un sueldo que te permitiese dormir en una cama?
-                       Nunca- Suspiré
-                       Si no te han conseguido las necesidades básicas, ¿cómo te ayudarán a alcanzar tus anhelos?
-                       Entonces…¿Qué debo hacer?
-                       No lo se. Es tarde, estoy cansado de tanto hablar. Buenas noches, Salvador.
-                       ¡No me dejes así!
Silencio. Permanecí con la mente en blanco hasta que llego el alba, para entonces la decisión estaba tomada. El camino que carecía de letrero era el mío.

Dos caminos. (Segunda parte)

Y fue entonces cuando mi sueño se hizo realidad, como si de una inspiración divina se tratase mi boca pronuncio las palabras: ¡Mis pies!
Tan simple afirmación. Tan estúpida al pronunciarla en alto. Pero, tan cierta. Mis pies me llevaban donde necesitaba, con ellos obtuve un trabajo que me proporcionó comida y techo. Era a ellos a quien debía pedirles que hiciesen mi sueño realidad. Y esta era la razón por la que ir por el camino señalizado sería una pérdida de tiempo. Yo no puedo pintar con las manos. ¡Distintos caminos pueden llevar a un mismo lugar!
La tarea de educar a mis pies en tan sicodélico propósito fue más sencilla de lo esperado, como si siempre hubiesen sabido crear, mis pies se movían con rapidez y sentimientos en lienzos donde mis manos no habían hecho más que rayas infantiles exentas de arte. La fuerza y fluidez  de mis pies dieron a luz obras maravillosas…


..........continuará..............

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