sábado, 18 de junio de 2016

LA CIUDAD DE LOS SUEÑOS (Parte 3)


La prueba

Caminando llegué a una casona en mitad de una pequeña explanada. Apoyada en la pared había una silla de mimbre ocupada por un hombre anciano. Estaba leyendo un libro, pasaba las hojas lentamente acudiendo al antiguo gesto de mojar el dedo con saliva para que la hoja se quedase pegada a la yema facilitando el trabajo. Al cabo de un rato alzó la vista:
-                       Hola joven, ¿te has perdido?
Con las ropas que vestía no sé cómo no salió corriendo, por no hablar del hedor que despedía, llevaba 4 días yendo a marchas forzadas, nada de baños, nada de dormir más de cinco horas, llevaba fuera de casa casi un año, necesitaba estar cerca, llegar….
-                       Eso creo, no estoy seguro, busco la ciudad de los Sueños.
El hombre atuso unas barbas que no recordaba haber visto momentos antes.
-                       Vas por buen lugar. De hecho se podría decir que estas a un paso, si es que tu sueño es autentico. Llevas varios cuadros ahí- Dijo señalando la mochila.- Déjamelos.
-                       -¿Cuadros? En realidad son pequeños, a penas ocupan medio folio, no sé si pueden ser llamados cuadros,  suena…profesional.

-                       El tamaño nunca ha sido un problema. Colgó mis “cuadros" en la primera sala a la que accedimos. Por arte de magia se sujetaban a la pared, y yo me preguntaba cómo era posible tal proeza sin el uso de clavos.
De pronto decenas de personas llenaron el espacio. Todas observaban mis pinturas.
Mi mente estaba tranquila, extrañamente tranquila. Meses antes mis pensamientos envenenados hablaban de venganza, de mostrar a la familia y  “amistades” quien era la criatura enferma, ¿no era el retorcimiento de mis dedos similar al de sus corazones? Me habían subestimado y gritado que no era más que un loco. En ese tiempo consideré que ya no era pasto, era el lobo que se comería al rebaño… Pero tantas horas en soledad me sirvieron para comprender lo relativo y banal de aquello cuanto te rodean…No era pasto, no era lobo, había aprendido a volar, era un pájaro libre de cualquier atadura, mi existencia no dependía del rebaño, las ovejas solo me acompañaban en este difícil juego que es la vida, pero en ningún modo tenían el poder de definirme.
Mire las obras, cada una de ellas no era solo una pintura, era una parte de mi evolución como persona. Tuve miedo y sentí odio pero gracias a la confianza que desarrollé había alcanzado cierta paz interior así como un  inconmensurable deseo de vivir. La pintura había dejado de ser arma para convertirse en alimento.
-                       El que hace cuentos es feliz escribiendo - Me sorprendió el anciano, él que compone es feliz escuchando su composición, él que cocina es feliz probando el sabor de sus platos… El que pinta es feliz tomando un pincel y mezclando colores. Todos los soñadores muestran el mundo a través de sus obras, sus obras son las palabras que otros necesitan para expresar cuanto sienten. Durante esta pequeña exposición no has sentido ambición ni ganas de venganza, has estado feliz por el mero hecho de dar a luz tus sueños .¡Bienvenido a la ciudad de los sueños!

La ciudad de los sueños

Una enorme puerta de cristal apareció frente a nosotros abriéndose de par en par. Recuerdo un sonido seco y unas manos empujándome ligeramente. Recuerdo edificios de plata y piedra, personas volando sobre estos, árboles de magnificas y desconocidas formas,  cielos con tonos anaranjados y malvas. Recuerdo la fragancia de mil flores, el sabor del más sabroso de los platos, y entonces… Silencio.
Mis ojos se cerraron, volví abrirlos; estaba de nuevo en el país de la Locura a tres manzanas de casa.
 Mire alrededor, en mí no había temor. Caminé hacia casa. ¿Había sido todo una ilusión? Sabía que no, pero, ¿dónde estaba la ciudad?
 Mi corazón dio un vuelco, caí al suelo, respiré con fuerza, creyendo desgarrar los pulmones y, en ese instante volví a ver la ciudad de los Sueños, de mis sueños.
La ciudad de los Sueños habitaba en mi corazón. Atisbé el significado de la sonrisa que me dedicó la mujer del viñedo cuando la pregunté que por qué no vivía en la ciudad de los sueños. Comprendí rápidamente que pasasen los años que pasasen, jamás desaparecería, siempre podría volver a los cielos, a los aromas, a los sabores…
Desde aquel día cada vez que me crucé con una persona cercana me pregunté cómo sería su “ciudad de los Sueños” si hubiese tenido el valor de ir a buscarla.

....................Fin...........................



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